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Arte del vidrio.

El vidrio es una sustancia mineral que se obtiene por la fusión a altas temperaturas de una mezcla de arena y carbonato sódico o potásico, a la que se añaden pequeñas cantidades de carbonato cálcico, magnesio, aluminio y otros cuerpos. La materia obtenida no es líquida sino vítrea, y se tiene que modelar en caliente pues al enfriarse se torna rígida. No hay que confundir el vidrio con el cristal, que es el producto más transparente y puro de la industria vidriera; en sentido estricto, la palabra cristal debería referirse sólo al cristal de composición plúmbea, es decir, aquel que es producto de la vitrificación de una mezcla de sílice, de potasa y de óxido de plomo, pero en la práctica el término tiene un sentido más amplio. El cristal fabricado según esta mezcla tiene la propiedad de descomponer la luz, como lo hace el diamante o el cristal de roca, propiedad que no posee el vidrio común. Fue descubierto en la Inglaterra de mitad del s. XVII.

Características especiales del vidrio

El vidrio, al contrario de lo que ocurre con la mayor parte de los cuerpos, carece de un punto de fusión determinado, pues desde su estado líquido, a elevada temperatura, se vuelve cada vez más pastoso a medida que se enfría. El estado sólido lo adquiere, pues, entre límites de temperatura de varios cientos de grados, y todo ello sin cesar de mantenerse amorfo e isótropo. Este fenómeno se explica por la propiedad esencial del vidrio, su viscosidad, que aumenta rápidamente con el descenso de temperatura e impide que las moléculas adopten la estructura cristalina. Así se explica que el vidrio conserve en estado sólido las propiedades de una disolución líquida, como la transparencia, homogeneidad y amorfismo. La viscosidad es la más importante de las propiedades del vidrio, pues permite elaborar objetos soplados, pero también crea dificultades importantes en la fabricación. Otra de las características que diferencia el vidrio de otra substancias semejantes es su mala conductibilidad respecto del calor; como consecuencia de ella se produce lo que se denomina las lágrimas batávicas, es decir, el fenómeno según el cual el vidrio estalla violentamente, convirtiéndose en polvo, al seccionar su vértice. Otra de las importantes propiedades del vidrio es su miscibilidad, es decir, su capacidad para ser mezclado, lo que permite importantes desarrollos en la decoración.

Técnicas

Fabricación del vidrio

La principal técnica de fabricación del vidrio es el soplado con caña, que ya era utilizado por los egipcios. La primera operación que se realiza en esta fabricación es la fundición, en la cual la mezcla de arena silícea, de cal y de potasa se funde en un hornillo o crisol. El proceso de fundición puede ser continúo, si se realiza en un horno de cuba, o discontinua. Posteriormente, se realiza el afino, o eliminación de las burbujas, que se realiza en un crisol diferente; y finalmente, antes de pasar al soplado, se desarrolla el temple, que consiste en rebajar la temperatura del vidrio hasta hacerla idónea para el trabajo del mismo que, como la anterior, se realiza en un crisol distinto. Preparada la masa viscosa, se procede al soplado, con ayuda de una caña se recoge un poco de la materia viscosa a la que se sopla a través de la caña dándole la forma que se desea. Con el soplado se obtiene el esbozo de la pieza, que posteriormente se perfecciona, se entalla, se redondea, se ahueca o se aplana, faena para la que se utilizan unos hierros que se usan como pinzas. Finalmente, la pieza se decora.

Cada composición de pasta, cada horno, cada dosificación, cada técnica, proporciona vidrios de calidad diferente, de diferente colorido, poder de refracción, transparencia, etc.

Véase, para más información, la Industria del vidrio.

Técnicas decorativas

A veces, la simple forma del objeto o la calidad del vidrio son suficiente garantía para dar categoría a una pieza. Sin embargo, a lo largo de la historia vidriera se han ido adoptando diferentes tipos de decoración que enriquecen y hacen más vistosa la pieza.

La pintura es una de las técnicas decorativas más utilizada. Se puede trabajar en frío empleando pigmentos comunes protegidos por una capa de vidrio transparente denominada eglomisé. Otra de las técnicas es la utilización de esmaltes coloreados por óxidos metálicos, con punto de fusión interior a la pasta de base. Esta técnica fue muy difundida en la antigüedad. Parece ser que su origen está en Siria, desde donde fue trasmitida a Roma, donde fue utilizada profusamente. Durante la Edad Media se transmitió a través de los grandes centros vidrieros de Oriente Medio: Aleppo y Damasco. Entre mitad del s. XV y primera mitad del s. XVI alcanzó gran auge en Italia, sobre todo en Venecia, en España y en Alemania. Después de una relativa crisis por la competencia de la decoración tallada alemana, volvió a surgir en el s. XVIII.

El cristal también puede estar decorado mediante grabado, que se realiza por incisión, pero sólo se puede realizar cuando el vidrio tienen el grosor suficiente. El grabado puede realizarse con punta de diamante, que consiste en realizar incisiones de forma manual sobre la superficie de la pieza elegida con un instrumento terminado en punta de diamante, y se utiliza principalmente para vidrios de paredes finas. Fue utilizado por los romanos, que realizaban la incisión con pedernal en vez de con diamante; a partir del s. XVI esta decoración se hizo famosa y se realizaba en centros de Venecia, Alemania, Inglaterra, etc., donde alcanzó su apogeo en los s. XVII y XVIII. La otra modalidad de grabado es la incisión con muela o ruedecilla, que es la más extendida. El procedimiento comienza utilizando ruedas giratorias, en su mayoría de cobre, de diversos tamaños, que por estar cubiertas de una fina mezcla de polvo de esmeril muerden la superficie al presionar contra ella. Después, mediante muelas de material menos duro, madera, corcho, etc., se realiza el pulido y el acabado del entallado. Esta técnica se utilizaba ya en la época egipcia y todavía hoy se sigue utilizando, aunque las muelas que antiguamente se giraban de forma manual ahora se giran mecánicamente.

Otra forma de decoración es el repujado, en el se trabajan las paredes vítreas con muelas, como en el grabado, pero en este caso se destaca en el anverso el motivo decorativo elegido.

Una técnica más reciente es el grabado con ácido flourhídrico, utilizado por primera vez por Henry Schwanhardt de Nuremberg en 1670. En él se cubre la pieza con una película aislante, que puede ser de cera, pintura resinosa, u otro material; sobre esta película se dibuja con una punta de acero el motivo decorativo, dejando al descubierto la superficie que será mordida por el ácido. Otra técnica, la de incisión por arena, es igualmente reciente y fue introducida por Tilghman en Estados Unidos, en 1871, y de aquí se difundió rápidamente por Europa. Consiste en horadar la paredes vítreas según un dibujo previamente establecido, con arena soplada a gran velocidad por medios mecánicos.

Otra forma de decoración es el sistema de entalladura conocido como cristales a camafeo, mediante el cual se obtienen objetos con dos estratos de vidrio superpuestos. La técnica es similar al trabajo de camafeos de piedras duras, donde la simple superposición de dos capas de distinto color crea ya una diferencia entre ambas. La decoración aplicada supone la adición de fragmentos de vidrio previamente modelados, del mismo color o de otro distinto, antes de que el objeto y la placa se hayan solidificado por completo. Se introducen en un horno de recocido y, a través de un proceso de enfriamiento, se unen a temperatura ambiente. Esta técnica se usaba ya en época alejandrina, y tuvo especial desarrollo en Inglaterra y en Italia en el s. XIX. De ella hay que destacar, por ejemplo, la aplicación de gotas, motivo de origen tardorromano que se generalizó en la producción alemana medieval y renacentista; la aplicación de aletas, volutas, festones, etc.

Historia

La industria vidriera es una de las más antiguas del mundo. A través de la historia de los pueblos primitivos y con la propagación de la civilización hacia Occidente, puede seguirse el desarrollo de este arte del fuego, que en sus principios estuvo rodeado de prácticas mágicas y misteriosas cuya tradición y procedimientos secretos se han conservado hasta nuestros días.

El vidrio y el cristal son materiales que actualmente intervienen en nuestra vida diaria, ya sea en la forma de objetos de uso doméstico, como vasos, platos, botellas, recipientes, etc., o para usos industriales, como espejos, materiales de construcción u otros usos, como para fabricar material científico, instrumentos de óptica, etc. Sin embargo, el vidrio, hasta una fecha reciente, era ante todo un material de lujo, hasta el punto de que en el s. XVIII todavía no se había generalizado el uso del cristal en la ventanas, que se seguían cubriendo con paneles de tela engrasada. Antes de ser productos industriales las piezas de vidrio eran bastante escasas y el logro de su fabricación dependía de la suerte y de los secretos de los procedimientos. Por esta razón, uno de los elementos de la fortuna de Venecia en el s. XIII fueron los famosos talleres de vidriera, cuyos artesanos estaban celosamente concentrados en la isla de Murano, y los que huían de ahí, con peligro de revelar sus secretos, eran celosamente perseguidos e incluso asesinados. Este secreto se mantenía también con las materias primas utilizadas en la fabricación del vidrio, por lo que era un secreto que la sosa utilizada en las vidrieras de Murano fuese traída desde Egipto, ya que estaba producida por la combustión una planta denominada kali, que se producía en esta tierra. Por otro lado, una de las aportaciones de Francia a la industria vidriera que dio fama a sus cristales y que se mantuvo como un gran secreto fue la sustitución de la sosa por la potasa, procedente de la combustión del helecho verde en una época determinada, a mediados de junio. Los artesanos venecianos emigrados a Francia en el s. XVIII, al no poder disponer de la sosa de egipcia, tuvieron que sustituirla, y lo hicieron por una sosa producida por la calcinación de la barrilla, hierba cultiva en Murcia y Alicante, que desarrollaron un importante comercio de exportación de ésta.

El arte del vidrio en la antigüedad

El vidrio ha sido, desde los tiempos más remotos, un material que ha fascinado al hombre. Ya en la prehistoria, en las zonas de actividad volcánica, se constata la utilización por el hombre de vidrio natural, la obsidiana, para hacer herramientas.

Desde Plinio se ha atribuido al pueblo sirio la invención del vidrio, aunque actualmente se es más objetivo si se piensa que sus orígenes son oscuros y que no se puede determinar exactamente donde aparecen las primeras manufacturas de vidrio. Los primeros indicios que se tienen de su existencia se remontan a mediados del tercer milenio a.C. en Asia occidental. Este hecho ha determinado que, según los últimos estudios arqueológicos, se apunte Mesopotamia como el lugar del origen de la fabricación del vidrio.

Entre los primeros objetos de vidrio descubiertos se encuentran las cuentas de collares, que tenían no solo un valor como objeto de adorno, sino un valor en el comercio y en el trueque. El conocimiento de la fabricación de este material pasó de Mesopotamia a Siria, Chipre y al Egeo; sin embargo, es de Egipto de donde provienen los mejores vidrios conservados de la antigüedad. El vidrio se empieza a fabricar en Egipto durante el reinado de Thutmosis III. Los egipcios producían todo tipo de abalorios, así como recipientes profusamente decorados.

En estos primeros momentos, cuando todavía no se conocía a técnica del soplado del vidrio, se utilizaban diferentes métodos para modelar y decorar los objetos de vidrio coloreado, tanto translúcidos como opacos. Algunos recipientes eran tallados sobre bloques macizos de cristal. Otros se realizaban fundiendo el vidrio con métodos parecidos a los de la cerámica y la metalurgia, y utilizando moldes para hacer incrustaciones, estatuillas y vasijas tales como jarras y cuencos. Se elaboraban tiras de vidrio que luego se fundían juntas en un molde y producían vidrio en listones. Se realizaban diseños de gran complejidad, donde se medía la técnica del mosaico, en la que se fundían los elementos en secciones transversales que, una vez fundidos, podían cortarse en láminas. Las superficies resultantes de estos cortes se fundían juntas en un molde para producir vasijas o placas. Se hacían vasos con bandas de oro que presentaban franjas irregulares de vidrios multicolores y con pan de oro incrustado en una franja translúcida.

Sin embargo, la mayor parte de las piezas anteriores a la aparición del soplado se realizaban mediante la técnica denominada del núcleo de arena, que consistía en fijar a una varilla de metal una mezcla de arcilla y estiércol, a la que se daba la forma que se deseaba dar al interior de la vasija de vidrio. Este núcleo se introducía en pasta vítrea o se envolvía con hilos de esa misma pasta; la pasta adherida al núcleo se recalentaba y se pulía sobre una piedra plana donde se le iba dando la forma adecuada. También se utilizaba la técnica denominada fundido de moldes, parecida a la anterior, pero en la que utilizaba un doble molde sobre el que se vertía la pasta vitrea. A continuación, se añadían las asas, el cuello y la base, y se enfriaba la pieza. Por último, se retiraba la varilla de metal y se extraía el material que había formado el núcleo. Esta técnica se usaba solo para hacer vasijas pequeñas, tales como tarros para cosmética o frascos, como puede apreciarse en los objetos egipcios típicos de las XVIII y XIX dinastía. También se utilizaba el procedimiento de la cera perdida.

Aunque la técnica del soplado se generalizó en la segunda mitad del s. I a.C. en Oriente Próximo, su conocimiento era anterior, como lo demuestran las pinturas de los hipogeos de Beni-Hassam en Egipto, donde se representan la fabricación de vidrio con la técnica del soplado a la caña, con una antigüedad de más de 2000 años a.C.

Las decoraciones más habituales que presentaban estos primeros objetos de vidrio estaban realizadas mediante la adición al recipiente, cuando todavía no se había enfriado, de hilillos de vidrio de colores, que luego eran peinados y que producían decoraciones en zig-zag.

Los egipcios utilizaron el vidrio en gran cantidad de objetos, desde las preciadas cuentas de collar descubiertas en las tumbas de Tebas, hasta los espejos encontrados en Saqqara, o los pequeños frascos utilizados para contener ungüentos y perfumes, o los vidrios procedentes de las necrópolis del Alto Egipto, así como los diferentes accesorios de las tumbas reales, fundamentalmente de la tumba de Tutankhamon, la que mejor conservada se ha hallado hasta ahora.

Desde Asiria o desde Egipto, el arte vidriero se extendió a Tiro y Sidón, y los mercaderes fenicios lo dieron a conocer por Oriente hasta la India y por Occidente hasta las riberas mediterráneas ocupadas por los celtas y los primeros pobladores de España.

En la antigüedad, cada pueblo imprimió en la industria vidriera las manifestaciones de su religión y de su arte: los partos fabricaban pequeñas copas llamadas pterotos ('aladas'); los etíopes, según Herodoto, confeccionaban cajas de vidrio para encerrar sus muertos, y los persas vasos para guardar las cenizas. En Egipto y entre los asirios, el vidrio se utilizó igualmente para la fabricación de sarcófagos.

Los principales centros vidrieros de la Edad del Bronce, como Creta, Chipre, Anatolia, Siria, Palestina y el Peloponeso, decayeron a partir del año 1200 a.C., y fueron sustituidos por otros pueblos, como los frisios, los fenicios, los asirios y los griegos, que florecieron a partir del año 1100 a.C. Utilizaron como técnica dominante la del modelado con núcleo, y las vasijas tomaron las formas de la cerámica griega. También se hizo vidrio de mesa, normalmente con un tinte verde pálido, aunque a veces era de colores o sin ningún color. Esta técnica se usó muchísimo en Persia entre los s. VII y IV a.C., donde unos cuencos poco profundos y casi sin color se adornaban con acanaladuras muy hondas, copiadas de objetos similares de metal. Los fenicios eran grandes mercaderes y, a través de ellos, la fabricación del vidrio y los objetos fabricados en los principales centros vidrieros se extendieron por toda la cuenca del Mediterráneo.

El mundo clásico: Grecia y Roma

Los griegos supieron imprimir su exquisito gusto artístico en la elegancia de las formas a sus objetos de vidrio, los cuales produjeron primorosamente trabajados. El historiador Heródoto cuenta como el templo de Heracles, en Tiro, estaba adornado con columnas de vidrio coloreado. Aunque en esta época Alejandría se convirtió en el principal proveedor de vidrio de las cortes mediterráneas, en ella se desarrolló un tráfico floreciente de artículos de lujo, entre los que estaba el vidrio, lo que atrajo a artesanos de Mesopotamia, Siria y otro lugares más lejanos. Se perfeccionaron las técnicas de tallar, esmaltar y decorar el vidrio, como la de colocar una hoja de oro entre dos capas de cristal. Estas técnicas se exportaron fuera, principalmente a Italia donde, primero con los etruscos y luego con los romanos, ganaron influencia. Hacia el año 50 a.C. se descubrió la técnica del soplado en el extremo de un tubo hueco de hierro, donde se pone vidrio fundido, lo que permite al vidriero soplar y hacer un receptáculo hueco de cualquier forma y tamaño, lo que permite repetir la operación de forma rápida y poco costosa.

Los etruscos fueron excelentes fabricantes de vidrio, como lo demuestran los objetos encontrados en Praeneste. En un primer momento exportaron los objetos de vidrio de Siria, para más tarde desarrollar ellos mismos su fabricación.

En Roma no se desarrolló la industria del vidrio hasta el reinado de Augusto. En principio se compraban los vidrios a Egipto, pero el aumento del gusto por este material determinó que, después de la batalla de Actium, muchos artistas egipcios se trasladaron a Roma, y las manufacturas de vidrio se multiplicaron primero en esta ciudad, donde desde el s. III existió un barrio entero dedicado a los vidrieros, y luego por todo el imperio. El método del soplado, más rápido y más barato, permitió que la técnica se aprendiera rápidamente y que lentamente fuera reemplazando a las antiguas técnicas. Se fabricaron objetos de lujo realizados en este material, vidrios coloreados imitando las piedras preciosas, vidrios de finura exquisita, copas talladas en vidrios irisados, etc., además de objetos como vasos, cubiletes o perfumadores. Igualmente, se utilizó como un elemento de construcción de lujo, como revestimiento de las paredes, e incluso Plinio cuenta que el edil Scaurrus, en tiempo de Nerón, hizo construir un vasto teatro, en cual uno de los pisos era de vidrio. Los romanos utilizaron con gran perfección también la vidriera, que fue un arte muy extendido a partir de los tiempos de Augusto; muestra de ello son las vidrieras de colores descubiertas en Pompeya, moldeadas por un procedimiento que no se descubrió hasta dieciséis siglos más tarde, en las vidrierías de Saint-Gobain.

Hasta la supremacía veneciana en los s. XV y XVI no hubo una explosión semejante de técnica y de nuevas formas, ni una sofisticación parecida en artículos de lujo, ni se hicieron cantidades tan grandes de utensilios corrientes para la vida diaria. Se usaba mucho el vidrio de colores fuertes. Las técnicas de fundido en molde y de mosaico se reservaban casi siempre para el vidrio de lujo, mientras que el soplado era para fines más funcionales.

En los países donde se extendía la dominación romana se propagó igualmente la industria del vidrio y alcanzó en ciertas regiones gran desarrollo. En todos los dominios del Imperio romano se hizo un vidrio muy uniforme en técnica y estilo, el cual llegó a las Galias, Germania y la Península Ibérica por medio de vidrieros sirios o de influencia siria. Se desarrolló el vidrio fundido en dos o más capas, que luego fue el camafeo tallado, probablemente en Alejandría. Se hicieron murales y pavimentos muy complicados mediante la técnica del mosaico: de unos bloques de vidrio macizos se cortaban miles de minúsculas teselas multicolores, que luego se unían formando dibujos o escenas pictóricas.

Todo este desarrollo de la industria vidriera determinó también los cambios en el gusto. Desde finales del s. II d.C., el vidrio coloreado se dejó de lado y se puso de moda el cristal sin color, donde se apreciaba sobre todo la transparencia y la finura del mismo, convirtiéndose los objetos realizados así en señal de lujo y riqueza. Se solía cortar, grabar o decorar con unas espiras o filetes enroscados, reproduciendo los motivos decorativos sirios que habían llegado a los centros vidrieros de Colonia y Renania. En el s. IV hubo importantes cambios políticos con la división de primitivo Imperio en dos mitades, este y oeste, y la adopción del Cristianismo como religión oficial. Se introdujeron nuevas formas, como copas de tallo corto y lámparas de colgar. Reapareció el vidrio con oro emparedado, ahora con motivos cristianos y judíos, adornando unos medallones con recuadro. Pero todo este esplendor se terminó con la invasión de los pueblos bárbaros y la caída del Imperio romano. La industria vidriera se desplazó hacia Bizancio, mientras que en Occidente el arte de la fabricación del vidrio pasó a ser patrimonio de un reducido número de familias.

El arte del vidrio en la Edad Media

La desmembración del Imperio romano trajo graves consecuencias en todos los campos de la cultura y el arte, e igualmente influyó en la fabricación del vidrio, que frente al esplendor vivido en la época romana sufriría una etapa de decadencia. Sin embargo, la ruptura territorial permitió la elaboración de estilos artísticos diferentes, abandonando la copia y la uniformidad que hasta ese momento eran la nota dominante. Así, en Renania los objetos se caracterizaron por la transparencia del vidrio y por estar decorado con vetas de burbujas coloreadas, mientras que en las Galias o Germania se fue dando paso a lo que luego se denominará el cristal de Franconia. Pese a su variedad decorativa, los motivos van a ser muy simples, fundamentalmente filigranas y gotas de vidrio aplicadas a la superficie; el vidrio fue cada vez de menor calidad, con mayores impurezas, menos delicado y con formas menos imaginativas. En general, presentaba una coloración verdosa, resultado de la composición del vidrio hecho con carbonato sódico de plantas marinas recogidas en el Mediterráneo, siguiendo la tradición de fabricación romana.

Pese a todas estas limitaciones, y pese a su decadencia, la manufactura del vidrio se mantuvo a lo largo de toda la Edad Media y tuvo un lugar entre los demás oficios artesanales, que igualmente sufrieron la decadencia que supuso la fragmentación del Imperio. Las prácticas artísticas fueron mantenidas por la Iglesia, que se convirtió en el mecenas más importante y en el principal consumidor de objetos artísticos (y, por tanto, de vidrios), y posteriormente por Carlomagno y sus descendientes, que pretendieron un resurgir del esplendor del Imperio en lo que iba a ser la Francia medieval, en Borgoña y en los territorios germánicos del Sacro Imperio Romano.

El principal cambio en la técnica de fabricación se realizó en la zona norte de los Alpes, donde el vidrio de sosa desapareció gradualmente después del año 1000, siendo reemplazado por el de potasa o waldglas (o vidrio del bosque), mientras que los fabricantes de la cuenca mediterránea seguían usando el cristal de potasa, cuya materia prima se encontraba con facilidad.

Pese a esta decadencia de los objetos de vidrio, la Edad Media que el momento de máximo esplendor de una de las principales manifestaciones artísticas del vidrio: la vidriera (véase vidriera). Ya en el s. VII existen vidrieras en Europa occidental. En Normandía, uno de los centros donde se fabricaron las vidrieras medievales, se realizaba un vidrio de color zafiro descrito por el monje benedictino Teófilo, a finales del s. XI, en su Tratado de las diversas artes. Además, se cuenta con un cierto número de restos de vitrales pintados de los s. IX y X, hallados en Alemania. Pero en esa época, los más bellos vidrios, ya sean decorativos o utilitarios, provienen de Oriente, de donde son importados por la república veneciana.

Fue en el s. XIII cuando se abrieron en Venecia los primeros talleres de vidriera, los cuales reportaron con el tiempo grandes riquezas a la ciudad. Los primeros vidrios venecianos son semejantes a los objetos llamados vidrios cristalinos que han sido hallados en las catacumbas; llevan una hoja de oro inserta entre dos láminas de vidrio sobre la cual se han grabado decoraciones de motivos religiosos o símbolos. Posteriormente, se introdujo otra técnica: en lugar de la segunda lámina de vidrio se puso un barniz vegetal oscuro que, al llenar los huecos del grabado, destacaba el dibujo del mismo a la vez que servía como una capa protectora. Después de la caída de Bizancio, en 1453, llegaron a Venecia los vidrieros griegos que enseñaron a sus talleres la técnica de los vidrios de tipo bizantino, con decoraciones geométricas, revestimiento de oro grabados, realces de esmalte y coloración, sobre todo azul, púrpura y verde esmeralda.

Desde el s. XIII, el gremio de la vidrieras era tan numeroso e importante que en vez de ocupar un barrio en la ciudad decidieron instalarse en la isla de Murano, donde los secretos artesanos estaban más seguros, pues los vidrieros estaban sometidos a unas estrictas normas. La calidad de estos vidrios hizo que se exportaran hacia India, Asia central y China.

El arte del vidrio en el Renacimiento y el Barroco

El auge del vidrio veneciano

Pero el auge de los vidrios de Murano se desarrolló realmente en el s. XV, cuando los vidrieros venecianos dieron pruebas de originalidad en la concepción de los vidrios a los cuales dotan de formas insólitas y decoraciones sumamente artísticas, como el sistema de esmaltes; en el s. XVI incorporaron la decoración grabada con incisiones mediante puntas de diamante. La supremacía de la industria veneciana se mantuvo hasta fines del s. XVII.

Las decoraciones reflejan el nuevo interés por la antigüedad clásica; por ejemplo, las piezas para desposorios se esmaltaban con retratos de la pareja representados como bustos clásicos y en trajes de la época en forma de camafeos o medallones. Las decoraciones se inspiraban también en la obra de artistas del momento, como Mantegna, Gentile da Fabriano y Carpaccio, y utilizaban elementos de estos maestros para sus propias interpretaciones de la mitología y las alegorías clásicas.

El cristal veneciano también se caracterizó en esta época por imitar el aspecto de otros materiales, como la porcelana o las piedras semipreciosas. Sobre la imitación de la porcelana ha sobrevivido una pequeña cantidad de piezas hechas en vidrio blanco y opaco llamado lattimo. Igualmente de su experimentación para imitar piedras semipreciosas han sobrevivido piezas denominadas de vidrio calcedonio, cuyos efectos de marmolado oscuro tratan de imitar la calcedonia, así como el cristal de roca que, según los alquimistas, tenía propiedades mágicas. En definitiva, todos objetos muy preciados en las sofisticadas cortes renacentistas. Pero el cristal más característico de Venecia era el cristallo, un vidrio fundido muy transparente y claro y realmente el más parecido al cristal de roca de los que se habían fabricado hasta ese momento. Aunque era relativamente fuerte, se conseguían grosores mínimos y se podía manejar fácilmente, obteniendo infinitas formas. El denominado cristallo no se fabricaba en ninguna otra parte de Europa a lo largo del s. XV y XVI, y se convirtió en la variedad de vidrio más apreciada y la que se tenía por más lujosa, por lo que se exportó desde Venecia a todos los rincones de Europa.

Sobre el cristallo veneciano se aplicaron decoraciones de filigranas, y sobre cristal transparente se añadían hilos de cristal blanco opaco y a veces de cristal coloreado. La manipulación de estos hilos creaba dibujos entrecruzados, denominados vetro a reticello; retorcidos, o vetro a retorti; y en espiral, o hélice vetro a fili. Esta técnica es propia de Murano y se desarrolló por primera vez en 1527. Fue creada por los hermanos Serena, que mantuvieron su monopolio durante largo tiempo.

Igualmente se aplicó la decoración de grabado, pese a que el cristallo es esencialmente delgado, lo que supone una importante dificultad para grabar en él; sin embargo, a mediados del s. XVI se puso de moda el grabado con punta de diamante, convirtiéndose el cristal grabado en una de las especialidades realizadas en Murano. El dorado y el esmaltado se practicaron igualmente, y se solían presentar juntos en los mismos recipientes.

El Alto Renacimiento dio paso a un estilo más sofisticado, el manierismo, que tuvo una clara influencia en la decoración del vidrio, ya que era un material tan refinado y artificioso como el propio movimiento decorativo. En Murano se fabricaron lujosos servicios de mesa, en un cristallo sencillo y elegante, en los que reflejaban complicadas decoraciones de cabezas de pájaros, dragones, serpientes fantásticas, etc. De la decoración de filigrana se desarrolló una nueva técnica denominada el vidrio escarchado, una concepción típicamente manierista que se caracterizaba porque una pieza de vidrio de cristallo se sumergía en agua fría, lo que hacía que se cuarteara su superficie.

En el s. XVI se desarrollan importantes centros vidrieros fuera de Venecia, sobre todo en Alemania y los Países Bajos. El origen de la industria vidriera flamenca se debió a la importante emigración de vidrieros venecianos a estas zonas, por lo que se utilizaron las técnicas venecianas. A pesar de los esfuerzos de las autoridades venecianas por conservar los secretos y con ello el monopolio de la fabricación del vidrio, no consiguieron impedir que muchos vidrieros emigraran fuera de Italia y se instalaran en otros países, desde donde difundieron las técnicas de trabajo venecianas. El primer establecimiento de vidrio fuera de Venecia que utilizara sus técnicas fue la vidriería de Wolfgang Vitl, instalada en Hall (Tirol), en 1534. En 1570, el archiduque Fernando II, regente de Tirol, fundó la industria vidriera de Innsbruck, bajo su patronazgo y supervisión personal, para lo que consiguió convencer a la Señoría de Venecia que le enviara a maestros vidrieros, para poder trabajar este material a la façon de Venise.

En los Países Bajos se instalaron igualmente vidrieros italianos; en primer lugar se establecieron en Beauwelz, donde Engelbert Colinet, nacido en el sur de Holanda, estableció en 1541 una manufactura de vidrio donde empleó a estos maestros venecianos. Sin embargo, fue Amberes el centro de producción de vidrio más importante de los Países Bajos, y allí se trasladaron igualmente maestros venecianos y se realizaron manufacturas de tal calidad que difícilmente se distinguen de la venecianas.

A Inglaterra llegaron maestros vidrieros procedentes de Amberes en 1549 y se instalaron en Londres, donde surgió una industria vidriera no muy floreciente, pero con numerosos centros productores que se vieron enriquecidos por maestros vidrieros procedentes del continente, obligados a emigrar por las convulsiones y guerras de religión de la segunda mitad del s. XVI.

La difusión de las técnicas venecianas se realizó no sólo por la emigración de maestros vidrieros a diversos lugares de Europa, sino también mediante tratados. En 1612 Antonio Neri, un químico florentino que escribió el primer tratado sobre el vidrio titulado L'Arte Vetraria, donde se explicaba las formas conocidas hasta ese momento de hacer vidrio y sus posibles decoraciones.

El verdadero rival de Venecia era Génova, sobre todo el centro de Altare, donde se habían conservado desde la Edad Media unas manufacturas vidrieras de gran calidad, posiblemente con técnicas sirias, pero que desde el s. XV imitaban las manufacturas venecianas, gracias a su difusión y a la incorporación de maestros venecianos a ellas. Alentados por el marqués de Gonzaga, cuando hereda el Ducado de Nevers, los maestros de Altare se trasladan a Francia y se establecen en París, Nantes, Rouen y Orleans, donde florecieron importantes industrias vidrieras a la façon de Venise. Durante el reinado de Luis XIV en Francia se impulsó un vasto programa de construcciones en Versalles, y se planeó una política para estimular la producción nacional de las artes decorativas, entre ellas la del cristal. En 1688 Bernard Perrot, que procedía de Altare y que ya había trabajado en Orleans, consiguió la patente de la Academia de Ciencias para la producción de vidrio plano mediante un nuevo método de fundido. Esto permitió la fabricación de grandes paneles de cristal para las ventanas, además de la manufactura de grandes espejos de pared, los cuales tuvieron en Versalles, en el salón de los espejos, un lugar muy destacado. Todos estos adelantos determinaron que en Saint-Gobain, en el bosque de La Thiérache, se estableciera una fábrica de vidrio plano bajo patronazgo real.

El vidrio en Alemania

En Alemania, en el Renacimiento, se establecieron diversas industrias vidrieras que imitaban las formas venecianas, pero ninguna de ellas estuvo en funcionamiento mucho tiempo. Estas manufacturas estaban instaladas fundamentalmente en los centros urbanos. Sin embargo, no fue ésta la más desarrollada industria vidriera; desde tiempos medievales se había desarrollado una importante industria vidriera en las grandes extensiones forestales de la Europa Central y de Escandinavia, en lugares como Franconia o Reinsergebinge, en las fronteras entre Bohemia y Silesia, también en Lorena, en Turingia o en los valles del Mosa y del Sambre, lugares todos ellos con importantes recursos naturales a mano donde se había creado el waldglas o cristal de la selva. Desde estos primeros centros se fueron desarrollando otros nuevos; a medida que el uso del cristal se hacía cada vez más popular, estas nuevas manufacturas estaban alentadas por los señores feudales que invitaban a maestros vidrieros a instalarse en sus territorios a cambio de participar en la comercialización de los productos. Esta industria, más doméstica y menos sofisticada que la veneciana, pronto desarrolló piezas originales, como los maigelein, vasos de boca ancha y lado curvo; los nuppenbecher, vasos de boca ancha y con burbujas o impresiones a los lados; los roemer, con forma de copa; los daumenglas; los passglas; los stangen, adornados con gotas de vidrio; o los kuttrolf, de extraños cuellos vegetales o animales. Todos ellos presentaban originales formas y estaban realizados en waldglas, un vidrio verde coloreado por las impurezas de su composición que hunde sus raíces en esa larga tradición medieval de las zonas boscosas de centro Europa.

Este vidrio alemán pronto utilizó la técnica veneciana del esmaltado, técnica que se desarrolló y tuvo una gran acogida popular. Las primeras piezas esmaltadas proceden de Murano y son objetos con escudos de armas encargados por caballeros alemanes. Pero estas decoraciones rápidamente se aplicaron a los vidrios propiamente alemanes, y así, a finales del s. XVI y principios del XVII, ya se realizaban stangen con escudos de armas esmaltados. Desde estos primeros escudos la decoración esmaltada se extendió a figuras alegóricas o motivos populares, que se plasmaron fundamentalmente en los humpen, vasos cilíndricos de gran tamaño destinados a contener cerveza o vino, donde se esmaltaron motivos como el águila bicéfala, signo del Sacro Imperio Romano y los electores, la cabeza de buey, los signos de los gremios, pinturas de caza o piezas de compromiso matrimonial donde se incluían las fechas y los escudos de armas de las dos familias. Este arte del vidrio esmaltado se desarrolló muchísimo, y llegó hasta el s. XVIII, aunque en este momento se conoce como un oficio típicamente popular.

Otra de las técnicas desarrolladas por el vidrio alemán fue la del esmaltado aguado, una forma de esmaltado más sofisticada que el popular. Consistía en pintar con un esmalte más fino, es decir más aguado, temas que no eran populares, sino que se recogían de cuadros. Una de sus variantes fue pintar en un tono monocromo, como el sepia o el negro; esta variedad se denomina schwarzlot. Los artistas que pintaban estos objetos se denominaban hausmaler; uno de los primeros y más conocidos fue Johann Schaper. Esta tradición decorativa continuó en Bohemia has la primera mitad del s. XVI.

El vidrio de Bohemia

Realmente, la primera nación europea que se hizo independiente del monopolio veneciano fue Alemania en el s. XVII, cuando la región de Bohemia empezó a contar con importantes manufacturas cuyos artífices se hicieron famosos en la fabricación de vidrios a base de potasa, más fusibles y transparentes. En Bohemia se desarrolló una nueva técnica, la talla de los vidrios comunes a la manera de la talla del cristal de roca, y desde entonces el vidrio veneciano, decorado muy ricamente y coloreado, fue sustituido por el vidrio facetado y decorado con grabado.

Una de las técnicas decorativas del vidrio desarrolladas por los venecianos en el s. XVI fue el grabado con punta de diamante, técnica que fue desarrollada plenamente en Bohemia, región al este de Baviera, en el sur de Alemania (hoy forma parte de la República Checa).

El arte del vidrio se desarrolla en Bohemia a partir de que el emperador Rodolfo IItrasladara la corte imperial de Viena a Praga. El interés desmesurado de este emperador por el coleccionismo, fundamentalmente de objetos curiosos, de minerales, camafeos, objetos preciosos, etc., determinó que una gran cantidad de artesanos se trasladasen con la Corte a Praga, entre ellos los mejores artesanos dedicados a tallar el cristal de roca, el ágata, el heliotropo o el topacio, materiales empleados para hacer camafeos muy valorados por el emperador.

En esta situación, los vidrieros bohemios inventaron la técnica de grabado a disco para el trabajo de piedras semipreciosas. Esta técnica fue traspasada al cristal por Zacarías Peltzer que trabajó en la corte del duque Guillermo V y que enseñó esta técnica a Caspar Lehmann, uno de los artesanos llegados a Praga con la corte de Rodolfo II, que obtuvo la patente del vidrio facetado. El verdadero difusor de la misma fue un discípulo de Lehmann, Georg Schawanhardt, quien una vez instalado en Nuremberg trasmitió el conocimiento a sus hijos Georg y Heinrich. A partir de estos maestros vidrieros en Nuremberg se estableció una tradición de vidrio grabado de gran calidad. En Nuremberg, con esta técnica, trabajaron vidrieros tan destacados como Johann Wolgang Schmidt, que se especializó en la grabación de escenas de batallas, cuando lo habitual eran escenas mitológicas o alegóricas y retratos.

Al final del s. XVII la técnica del grabado se había hecho tan popular que había desplazado a las demás formas de decoración en casi toda Europa. Entonces empezaron también a propagarse los primeros vidrios para ventanas y los espejos azogados con amalgama de estaño, de invención veneciana.

El vidrio español

A lo largo de los s. XVI y XVII en España se desarrolló también una importante industria vidriera que contó con la peculiaridad, propia de todas las artes españolas, de mezclar la influencia veneciana dominante en todo el continente y la influencia árabe propia del territorio español. Debido a esta doble influencia, el cristal español del Renacimiento muestra una originalidad que no se aprecia en el resto de Europa.

A comienzos del s. XVI existía una floreciente industria vidriera en Barcelona de gran calidad, que competía en fama con Venecia. La manufactura catalana más importante fue la de Mataró, donde se hacían objetos de formas peculiares; característicos son el porrón, el cantir o la almorratxa. Importantes fueron también los centros de Andalucía, donde no se trataba de imitar el vidrio veneciano sino que se continuaba una tradición vidriera medieval en la que predominaba el tinte verde y las formas domésticas.

En Castilla también existieron importantes centro vidrieros en el Recuenco, en la provincia de Guadalajara, en San martín de Valdeiglesias en Toledo y en Cadalso de los Vidrios, donde se fabricaron vidrios de gran calidad.

En el s. XVIII, por iniciativa real, se fundó la Real Fábrica de Cristales de San Ildefonso, en la provincia de Segovia. Su historia se remonta a 1727, cuando Ventura Sit y Carlos Sac instalaron con licencia real una pequeña fábrica de vidrios soplados planos en La Granja de San Ildefonso. Felipe V respaldó esta industria y facilitó su desarrollo, lo que permitió reunir en el Real Sitio a numerosos artistas vidrieros de distintos países europeos. La construcción de la Real Fábrica de Cristales se realizó en 1770 por orden de Carlos III; a partir de ese momento se llevó a cabo en ella una actividad industrial importante y sus manufacturas adquirieron fama internacional, convirtiéndose en uno de los grandes centros vidrieros europeos, donde se fabricaban todo tipo de vidrios, lámparas, espejos, etc.

En este mismo s. XVIII se desarrolló una importante industria vidriera en el levante español alentada por la llegada de maestros vidrieros holandeses.

El siglo XVIII

El s. XVIII es la época de la expansión y el perfeccionamiento de la industria vidriera. Las investigaciones llevadas a lo largo de los s. XVI y XVII permitieron el establecimiento de nuevas fábricas cada vez de una mayor calidad. A fines del s. XVIII los vidrieros de Bohemia se encontraron con una fuerte competencia: en Inglaterra se había descubierto la composición del cristal a base de plomo y potasa.

El vidrio inglés había carecido de la calidad del vidrio veneciano, del fabricado en los Países Bajos a la façon de Venise, o de las manufacturas alemanas. Se sabe que algunos comerciantes de vidrio hacían importantes encargos a Venecia, lo que demuestra esa falta de calidad del vidrio inglés. Sin embargo, en 1674 en Inglaterra se va a propiciar la aparición de un invento definitivo para la industria vidriera, la aparición del cristal.

Fabricación del cristal

El cristal común, o cristal artificial, fue inventado por unos artesanos ingleses en el s. XVII que le denominaron flint glass. El invento fue casual: debido a la escasez de madera en el s. XVII, un artesano, William Slingsby, tuvo la idea de utilizar la hulla para el calentamiento de los hornos; este hecho determinó que el vidrio que se obtenía en los hornos calentados con hulla tuviera una mayor coloración que el que había sido fundido con calor de madera. Para evitar esta coloración, los vidrieros intentaron impedir que el humo de la hulla entrase en contacto con la materia, para lo cual colocaron una especie de cúpula sobre el crisol. El resultado fue que el tiempo de fundición aumentaba e igualmente había que aumentar el fundente, lo que daba como resultado un vidrio igualmente coloreado. Para subsanar este defecto se pensó en sustituir el fundente habitual, el álcali, por un fundente metálico, el óxido de plomo, lo que proporcionó el cristal, un vidrio de una excepcional pureza que tenía la propiedad de descomponer la luz. La tradición atribuye a sir Robert Mansell el descubrimiento de las propiedades del cristal, en sus talleres de Newcastle-upon-Tyne, hacía 1623.

No obstante, aunque el cristal es un invento inglés, las cristalerías inglesas produjeron durante mucho tiempo un flint glass de escasa calidad. La mejora en la calidad se produjo en Francia, en primer lugar en la cristalería de Saint-Louis, en Lorena, fundada en 1767, pero ésta tuvo sus mejores producciones a partir de 1782; en la cristalería de Le Creusot, desde 1784; y en la cristalería de Baccart. Posteriormente, se fundaron otras cristalerías de calidad como las famosas de Bohemia, o las suecas de Orrefors y Kosta. También existirán importantes cristalerías en Leerdam, Holanda y Val Saint-Lambert, Bélgica.

El cristal se trabaja como el vidrio, aunque sufre un proceso de pulido que no sufre el vidrio. Debido a la escasa calidad del flint glass inglés, en 1674 la Glass Sellers Company, un gremio ciudadano que controlaba el comercio del vidrio, eligió a George Ravenscorft para que investigase sobre la fabricación de un vidrio de mejor calidad que el que se conseguía en las manufacturas inglesas. Ravenscorft fabricó un cristal transparente y muy refactario y sin embargo resistente, que inspiró una moda sobria y discreta en la que se desarrollaron formas más sencillas que permitieran apreciar la calidad del propio material.

Desde entonces, gracias a los perfeccionamientos introducidos por la química, los cristales ingleses, y en mayor medida los franceses, que siguieron muy de cerca las modas venecianas, alcanzaron pronto una pureza superior a los mejores vidrios de Bohemia, con firmas tan célebres como la cristalería de Baccarat, fundada en 1815. En España, durante el s. XVIII, destacó, dentro del conjunto de la manufacturas reales, la producción de cristal de La Granja de San Ildefonso, de gran calidad.

En esta época, el cristal se hizo cada vez más fino y delicado. En 1745 se impuso el primer impuesto sobre el cristal, que grababa el peso del mismo, lo que hace pensar que la moda del cristal fino no surgió por si sola, sino inducida por los vidrieros que, debido al nuevo impuesto, deseaban hacer productos más ligeros.

La técnica decorativa del grabado fue la más extendida en toda Europa, consiguiéndose magnificas decoraciones ahora inspiradas por los refinados gustos del Rococó. A partir de la mitad del s. XVIII en Inglaterra se introdujeron importantes innovaciones, incluso en la talla del cristal. Hasta ese momento el cristal había sido tallado o grabado con marcas poco profundas, pero en Inglaterra se empezó a utilizar el cristal tallado, impulsado por la aparición de los grandes candeleros y las lámparas de araña, compuestas por partes fundidas o sopladas por separado y talladas en facetas a las que se sujetaban filas de cuentas talladas y lágrimas de cristal colgantes. La utilización de estas lámparas se vio estimulada por la aparición de otra nueva moda, la utilización de una sala destinada exclusivamente a comedor, que a su vez demandaba grandes servicios de mesa que se realizaban en cristal tallado. Para atender esta importante demanda de servicios de cristal se abrieron tiendas en las que se vendía y tallaba el cristal; las más famosas fueron Blades y Ackerman, donde se vendían los mejores objetos de cristal de moda.

En Irlanda se establecieron manufacturas de cristal tallado en Cork, Waterford y Dublin, que se especializaron en cristal utilitario que en grandes cantidades fue exportado a América y las Indias Occidentales.

El siglo XIX y XX

El cristal tallado siguió teniendo mucha importancia. Las modas inglesas e irlandesas se copiaban en todos los países, donde la decoración se inspiraba en motivos neoclásicos. Además del cristal tallado, los centros vidrieros de Alemania y Bohemia siguieron su tradición de cristal grabado, donde destacaba el trabajo de grabadores como Dominik Biemann.

A mediados del s. XIX se creó una nueva técnica decorativa para el cristal, el grabado al ácido, que suponía cubrir el cristal con una capa de cera resistente y tallar el dibujo con una herramienta punzante a través de la cera; a continuación, se introducía el cristal en una solución de ácido fluorhídrico que mordía el vidrio que quedaba expuesto, con lo que se lograba un efecto parecido a las planchas de grabado, con lo que se obtenía efectos muy sutiles. La técnica se perfeccionó con la invención de aparatos como el pantógrafo. También en esta época se recuperó la técnica del cristal de camafeo y las técnicas del vidrio veneciano de los s. XV y XVII. El apogeo de esta técnica tuvo lugar tras la fundación de la fábrica Thomas Webb & Sons, elaboradas en Stourbridge (Inglaterra), aunque el que realmente la desarrolló fue Antonio Salviati, que fundó una vidrería en Murano con respaldo financiero británico, vidrería en la que se fueron recuperando las mejores técnicas venecianas. En la Exposición Internacional de Londres de 1862 las piezas de Salviati provocaron tan gran admiración que hizo nacer una moda por el cristal neoveneciano.

A finales del s. XIX el auge del Art Nouveau dio un nuevo impulso a la producción de vidrio artístico en todos los países europeos y al otro lado del Atlántico; en este nuevo impulso debe mencionarse a Emile Gallè en Francia y a Louis Comfort Tiffany en Estados Unidos; estos dos magníficos fabricantes de cristal emplearon todas las técnicas resurgidas y todas las formas decorativas que el s. XIX había ido aportando y con ello crearon magníficas piezas de cristal en Art Nouveau. En el s. XX el más famoso diseñador de cristal fue René Lalique, aunque también alcanzó renombre Maurice Marinot.

Sin embargo, el s. XIX y el s. XX son, ante todo, los siglos de la industrialización del vidrio, de su difusión y de su utilización hasta en los elementos más cotidianos. El gran desarrollo de la industria vidriera se realizó a mediados del s. XIX gracias a la invención del horno Siemens y al empleo de diversas materias que antes no se usaban para la fabricación del vidrio. Las investigaciones más notables sobre las propiedades de los vidrios se deben a los alemanes Schott, Arbé y Foerster, quienes, asociados más tarde con los talleres de óptica de Zeiss, dieron origen a la fundación de la fábrica de vidrio Schott y Genessen. La manufactura, protegida por el estado alemán, inició la llamada era científica del vidrio, en la que se empezó a fabricar vidrios de cualidades previamente determinadas. Durante la Primera Guerra Mundial la preponderancia alemana entró en decadencia, e Inglaterra y Estados Unidos fundaron respectivamente el Instituto técnico del vidrio, en la Universidad de Sheffield, y la Sección técnica del vidrio del Bureau of Standards de Nueva York, independizándose de la industria alemana.

El vidrio en las culturas no occidentales

El vidrio en las culturas no occidentales ha tenido una manifestación mucho menor que en el occidente europeo, aunque presenta originalidades frente a éste, ya que muestra motivos decorativos propios de sus culturas que producen objetos con una estética completamente diferenciada de la estética occidental.

En los países islámicos, el vidrio recoge la tradición sasánida del tallado del vidrio, que se recoge y se mantiene a lo largo de los siglos. Sin embargo, la forma decorativa propia del vidrio islámico es el esmaltado y el dorado, sobre todo en las coloraciones vidriadas que creaban brillantes efectos metálicos que, como ocurre con la cerámica, aunque de forma menos extendida, desarrolla decoraciones muy originales. Este tipo de objetos se perfeccionaron en los dominios islámicos de al-Andalus y, a través de este asentamiento en la Península ibérica, se introdujeron en Europa. Los vidrios españoles mantuvieron esta tradición hasta bien entrado el s. XVIII.

En la India, el vidrio ya se fabricaba desde el s. V a.C., aunque estaba destinado a objetos de lujo y tenía una producción muy reducida. Se empleaba para los soportes de la pipas de fumar, aspersores y fuentes, y normalmente se decoraba con motivos florales. A partir del s. XVIII, el vidrio inglés invadió la India mediante la Compañía de las Indias Orientales, producción que influyó en los artesanos locales.

En China, el conocimiento de la fabricación del vidrio también es muy antiguo. El cristal se utilizó fundamentalmente para simular piedras preciosas en joyería y más tarde para frascos de opio. Tradicionalmente, el cristal en China se consideró un objeto precioso de gran lujo. A partir de 1680, con la influencia de la de los jesuitas en la corte de Pekín, se empezaron a fabricar objetos de vidrio soplado para usos más comunes, y a partir de aquí se desarrolló una industria vidriera que, aunque imitaba en parte a la occidental, aplicó los gustos propios de esta cultura. Así, las vajillas chinas son de vidrio blanco opaco imitando la porcelana, con formas simples y decoraciones propias igualmente de la porcelana.

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Autor

  • Esther Alegre Carvajal

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