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Museo del Prado.

El Museo Nacional del Prado, más conocido como Museo del Prado, se alza en una de las principales calles de Madrid, el llamado paseo del Prado. Es quizá la mejor pinacoteca del mundo, justamente famosa por la cuantía de sus fondos y por la importancia de los artistas representados, que en su mayor parte fueron pintores de corte de los reyes de España.

El edificio, obra de Juan de Villanueva, es uno de los más bellos monumentos arquitectónicos cortesanos, con un aspecto exterior, severo y elegante, digno de las innumerables maravillas que contiene. En la fachada principal destaca una doble galería con peristilo dórico, cuya parte baja se encuentra adornada por bustos y hornacinas, al frente de la cual se halla la estatua del pintor Velázquez; pero más conocida que ésta es la fachada septentrional, flanqueada por la figura de Goya, por ser la que da acceso a los visitantes. La disposición interior del edificio es igualmente suntuosa, con el imponente vestíbulo y la galería principal que dan acceso a las salas.

Museo del Prado, fachada principal. Madrid.

El Museo del Prado se amplió con el claustro de los Jerónimos en el año 2007, según el proyecto de Rafael Moneo, ganador del concurso presentado en noviembre de 1998. En las obras de ampliación han participado maestros como Oriol García, Víctor Martín, Juan Carralón, Isaac Escalante, Fernando Capa, entre otros. No obstante, el plan general de ampliación de la pinacoteca contempla, además, la renovación del Casón del Buen Retiro y la incorporación del edificio del Museo de Ejército.

Historia del Museo del Prado

La idea de fundar en Madrid un museo de pintura para albergar las colecciones reales partió del rey intruso José Bonaparte, quien pensó en hacer un museo accesible al público siguiendo el modelo del Louvre parisino, y designó el Palacio de Buenavista como sede de la pinacoteca. Las turbulencias de la Guerra de la Independencia española retrasaron el proyecto, que retomó Fernando VII, quien lo llevó a feliz término a la vuelta de su dorado exilio, con la idea de contentar a los "modernos y cultos" ilustrados. El estado paupérrimo de las arcas del erario impidió la restauración del Palacio de Buenavista que había sido incautado a Godoy, así que se decidió instalar el museo en el edificio destinado a Gabinete de Historia Natural, obra de Villanueva y quizá el más acabado ejemplo de neoclasicismo de su autor, que, aunque había servido como cuartel general para las tropas de Murat, resistió bravamente los embates de la barbarie francesa.

El lugar había sido escogido no sólo por el bullicio ciudadano, sino por su belleza, pues unos años antes habían quedado concluidas las obras proyectadas por Hermosilla, que explanaron los terrenos y cubrieron el foso sobre el que se elevaba el edificio y que, más tarde, provocaría aquellos problemas de humedad que afectaron al museo. Un decenio después, Ventura Rodríguez dio término a la reforma proyectada al levantar las fuentes de Cibeles, Apolo y Neptuno, que constituyen, junto al Museo, el delicioso Jardín Botánico y el fulgurante Observatorio, uno de los más emblemáticos entornos culturales de la Villa y Corte.

Fuente de la Cibeles. Madrid.

Se proyectó la inauguración del museo para noviembre de 1819 con trescientos once cuadros, según consta en el sucinto catálogo redactado por el conserje, Luis Eusebi; bajo la dirección del marqués de Santa Cruz se habían trasladado previamente muchos cuadros de la colección real, que fue completándose con sucesivas aportaciones: en 1827 Fernando VII ordenó a la Academia de Bellas Artes de San Fernando la entrega de muchas de sus pinturas y, a lo largo de ese mismo año, continuaron exigiéndose nuevas donaciones; en 1837 se traen cuadros de El Escorial y, en dos años más tarde, los envíos escurialenses siguen llegando. Los fondos del museo fueron enriquecidos con nuevas aportaciones de las colecciones reales de los palacios de La Granja y Aranjuez y con el tesoro del Delfín, las alhajas que Felipe V había heredado de su padre y que habían sido sustraídas por los franceses en 1813.

La regencia de María Cristina supuso un considerable avance en los trabajos, pero el aumento de pinturas iba exigiendo la redacción de un nuevo catálogo, del que se hizo cargo Pedro de Madrazo, cuyo hermano era director del museo. A los ya cuantiosos fondos de este templo del arte se añadieron las obras procedentes de los conventos desamortizados de Madrid, Toledo, Ávila y Segovia, lo que obligó a disponer del edificio vulgarmente conocido como Museo de la Trinidad, sito en la calle Atocha; esta medida no duró mucho tiempo, un Real Decreto ordenó que los fondos de la Trinidad fuesen trasladados al Prado.

La Guerra Civil española obligó al museo a cerrar sus puertas, y las obras fueron evacuadas apresuradamente, primero a la ciudad del Turia, y luego a Ginebra, en cuyo museo se exhibieron con un éxito sin precedentes. Al término de la contienda, y en puertas de la Segunda Guerra Mundial, los cuadros fueron repatriados al museo, que quedó de modo casi idéntico a como estaba.

Conde de Floridablanca. Goya. Museo del Prado. Madrid.

En las salas del Prado quedan reflejadas las preferencias de los reyes españoles ya que, al fin y al cabo, las colecciones reales surtieron el patrimonio de la pinacoteca. Así por ejemplo, el interés por los maestros flamencos fue constante desde la época de los Reyes Católicos hasta Felipe II, lo que explica la abundante representación que encuentran los primitivos flamencos como El Bosco o Van der Weyden. De época posterior es Rubens, que además estuvo al servicio de la corte española como diplomático; lo mismo sucede con Tiziano, cuyos vínculos con el emperador Carlos V propiciaron la representación de sus obras en el museo. El carácter cortesano de las colecciones determinó la casi exhaustiva presencia de obras de Velázquez, Goya y tantos otros pintores de cámara real, como los retratistas Sánchez Coello y Pantoja de la Cruz. Por esta misma condición palaciega está marcada la casi total ausencia de las escuelas inglesas y francesas, y las de aquellos artistas cuyas naciones fueron rivales políticos de la nación española. Para completar la colección habría que hacer una reseña a las riquezas escultóricas del Prado, así como a las importantes piezas de tapicería flamenca, y a los dibujos, muchos de ellos aún no suficientemente estudiados.

Una de las lacras del Museo del Prado es el problema de instalación de los fondos museográficos que ha provocado el incremento constante del tesoro artístico, puesto que el edificio no se proyectó como una pinacoteca en sus inicios. Los problemas suscitados de las forzosas ampliaciones y renovaciones afectan incluso a edificios aledaños como el claustro de la vecina iglesia de Los Jerónimos o el Museo del Ejército, cuya incorporación a los edificios museísticos solventarían en gran medida los problemas de acumulación de las obras de arte que se encuentran en los sótanos del museo o bien dispersas. Hoy, el Museo del Prado tiene fondos que se custodian en el propio edificio, otros que pueden contemplarse en el Casón del Buen Retíro (con pintura desde finales del siglo XVIII hasta comienzos del siglo XX) y otros en préstamo en distintos centros públicos de España y legaciones diplomáticas nacionales en todo el mundo.

En 1998, se abrieron doce nuevas salas en el Museo del Prado para recoger la pintura flamenca, de la que esta institución posee fondos riquísimos, con obras de Rubens, Van Dyck, Jordaens o Rembrandt. El impulsor de estos importantes cambios fue el entonces director del Museo, el profesor Checa Cremades; quien les ha dado forma, el pintor Gustavo Torner. En enero de 2002, Miguel Zugaza fue nombrado nuevo director del Museo en sustitución de Fernando Checa que presentó su dimisión el 27 de noviembre de 2001 por desavenencias con el presidente del Patronato, Eduardo Serra.

Colecciones del Museo del Prado

Escuela española

A lo largo de la historia de España, no es posible hablar de mecenazgo ni de una clientela estable -caso de la aristocracia italiana o francesa-, pero tampoco hubo una demanda burguesa como en los Países Bajos; pero sí existió el complejo fenómeno del mecenazgo de la realeza o de la Iglesia, independientemente de las razones que movieran a este estamento a hacer del arte un aliado para sus particulares intereses. La peculiaridad de estas circunstancias hace que las colecciones museísticas sean de tres tipos: el grueso lo integran las colecciones reales, seguidas por el conjunto eclesiástico y, por último, un tercer bloque lo componen adquisiciones, legados y compras.

El patronazgo ejercido sobre la escuela española no se limitó al afán coleccionista de los monarcas, o a mantener un nutrido grupo de pintores alrededor del Rey, sino que se dictaron disposiciones para impedir el expolio de obras de arte por agentes extranjeros, como precisamente estaba sucediendo en Sevilla con los cuadros de Murillo.

En el panorama que componen los fondos de pintura española del Museo del Prado, si se sigue un orden cronológico, se encuentra que la pintura medieval tiene escasa representación en comparación con otras etapas artísticas; sin embargo, la pintura manierista, que tiene como singular figura a El Greco, exhibe el conjunto de más calidad y más completo del mundo. Las figuras señeras y uno de los alicientes para visitar el museo son, sin duda, los representantes del Barroco, Zurbarán, Ribera, Murillo o Velázquez, del que salvo una docena de cuadros, el conjunto de su obra se exhibe íntegro; obras como Las Meninas, Las Lanzas o Las Hilanderas, han escrito páginas en la Historia del arte universal. El conjunto dieciochesco es también muy representativo con nombres como Bayeu, Maella o Francisco de Goya y Lucientes; del retrato a la pintura religiosa, de los frescos que se hallaron en la Quinta del Sordo al cuadro de gabinete incluyendo los cartones para tapices, más de una centena de obras, que tocan todos los géneros pictóricos, del maestro aragonés se encuentran reunidas en el museo.

Escuela italiana

Cuadros de pintores de extraordinaria calidad adornan las paredes del viejo edificio levantado por Villanueva. Rafael Sanzio es uno de ellos, de cuyas manos existen varias obras, además aquellas de sus discípulos o de las procedentes de su obrador; de donde proceden cuadros como La Sagrada Familia o La Virgen de la Rosa, que fueron compras encargadas por la familia real. Desde mediados del siglo XVI abundan las obras de los maestros venecianos como Tiziano, Veronés y Tintoretto. En el siglo XVII pintan Guido Reni y el napolitano Luca Giordano, también el veneciano Tiépolo; la influencia clasicista de las familias Bassano y Carraci se dejó sentir más tarde: obras de todos estos pintores configuran el inventario italiano del Museo del Prado.

Escuela flamenca

El hecho de que hasta el siglo XVI los Países Bajos estuvieron bajo el gobierno de la Casa de Austria, explica la abundancia de pintura holandesa y flamenca del museo; sin embargo, estas colecciones son muy desiguales: la copiosidad de las obra flamenca contrasta con la escasez de la colección holandesa, debido a los avatares diplomáticos y a la distinta sensibilidad estética de los dos países; sólo un centenar de obras holandesas se hallan en El Prado, la mayor parte adquiridas durante el XVIII. Desde tiempos de los Reyes Católicos se revela una fuerte preferencia por lo flamenco, estima que perduró hasta el Barroco, cuyos pintores se dedicaron en general al género del retrato. Autores como Antonio Moro, Gossaert, El Bosco, cuyo tríptico El Jardín de las Delicias, El Carro del Heno y La Mesa de los Pecados Capitales, se antecede al surrealismo; el patetismo de obras maestras como el Triunfo de la Muerte de Brueghel "el Viejo"; o lo religioso, lo político y lo mitológico, que se dan la mano en composiciones de Rubens como Las Tres Gracias o San Jorge luchando con el Dragón, configuran la historia flamenca de el Prado, sin apenas lagunas significativas, como no sean las de Van Eyck. Como se indicó más arriba, la pintura flamenca del Prado se recoge en doce nuevas salas desde 1998.

Escuela alemana

El museo posee una escasa, pero muy selecta, representación de pintores alemanes del XVI, entre los que destacan las figuras de Hans Holbein, Alberto Durero y Lucas Cranach, cuyas obras llegaron en forma de regalos o de adquisiciones reales; pero, posiblemente, sean Brueghel y Mengs los artistas alemanes que mejor representan la cultura de los países germánicos -la influencia del último se rastrea incluso en los cartones para tapices de Goya-.

Escuela francesa

Detrás de la italiana y la flamenca, la francesa es la tercera escuela mejor representada entre las extranjeras con más de trescientas obras que recorren los siglos XVI al XIX. Simon Vouet es el primer autor a considerar, cuyas obras, de temática fundamentalmente religiosa, dan paso a las de Philippe de Champaigne, artífice de un tipo de naturalismo que alcanzó gran difusión en España. Los pactos y enlaces matrimoniales con el país vecino fueron motivo para la adquisición de numerosos cuadros de Poussin o Claudio de Lorena -Paisaje con Santa María Magdalena, Paisaje con San Antonio Abad-, encargados en un principio para decorar el Palacio del Buen Retiro. Durante la etapa rococó se hicieron adquisiciones de Boucher y Watteau -Fiesta en un Parque-, máximos representantes de este estilo amable y decorativista.

Pintura del XIX

La colección de pinturas decimonónicas que se expone en el Casón del Buen Retiro no es sino una pequeña parte de los extensos fondos propiedad del museo, parte de los cuales se hallan en los sótanos, en distintas instituciones oficiales de España y en embajadas y legaciones diplomáticas de España en todo el mundo; a estas obras del llamado "Prado disperso", se ha dedicado una especial atención en el transcurso de estos últimos años. Mención especial merecen los pintores Madrazo, Esquivel y Juan Antonio Ribera, cuya obra Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma, se ha tenido tradicionalmente como la pieza cumbre del neoclásico español.

Gobierno del Museo del Prado

Hasta el año 1868 los crecidos gastos de entretenimiento del Museo habían corrido por cuenta de la Casa Real, cuyas dirigentes, la reina María Cristina y su hija Isabel, demostraron un celo extremado en el cuidado de la pinacoteca. La revolución de septiembre del 68 le hizo perder su condición regia, y el museo pasó a ser propiedad de la nación -bajo el mandato de Antonio Gisbert, pintor favorito de los revolucionarios- a raíz de lo cual su nombre quedó en Museo del Prado, como es conocido universalmente. Así pues, hasta el siglo XIX los responsables del Museo fueron directores palaciegos y pintores de la talla de Madrazo, Ribera o Picasso, que no llegó a tomar posesión del cargo debido al comienzo de la Guerra Civil española, etapa en la que el Museo estuvo cerrado.

La total autonomía del Prado es un hecho en la actualidad, sin embargo, hasta que este hecho se produjo, hubo una serie de disposiciones estatutarias que intentaron regular el gobierno y funcionamiento del Museo. Entre las más significativas cabe señalar:

- el Real Decreto de junio de 1912, mediante el que se creó el primer Patronato del que todavía se llamaba Museo Nacional de Pintura y Escultura.

- el Real Decreto de mayo de 1920, que cambió el nombre por el de Museo Nacional del Prado, y que aprobó el Reglamento de Régimen y Funcionamiento del Museo.

- el Real Decreto Ley de abril de 1927, que dio al Museo personalidad jurídica para gobernarse, que se mantuvo hasta que una orden del Ministerio de Educación y Ciencia colocó al Museo bajo la jurisdicción del Patronato Nacional de Museos, desaparecido en nuestros días.

- el Real Decreto de agosto de 1985, que constituyó al Museo como "un organismo autónomo dependiente del Ministerio de Cultura", y que dotó al Prado de nuevos órganos de gobierno, capaces de llevar a cabo la gestión por sí mismos. Este real decreto estipulaba que correspondían al Museo del Prado las labores de "protección, conservación y promoción del enriquecimiento y mejora de los bienes que integran su patrimonio; exhibir ordenadamente las colecciones para su contemplación y estudio; fomentar el acceso a las mismas de visitantes e investigadores; prestar asesoramiento, información, estudio y dictamen científico o técnico, en el caso de que estos servicios sean requeridos por los órganos de la Administración del Estado; contribuir a la formación del personal museográfico; desarrollar programas de investigación y colaboración con otros organismos nacionales o extranjeros que favorezcan el intercambio cultural.

Asimismo, por el Real Decreto de 1985 quedaban definidas las funciones de estos organismos supremos de la siguiente manera:

- Presidente: cargo que se atribuye al ministro de Cultura, a quien corresponde la convocatoria y presidencia de aquellas sesiones del Real Patronato que considere oportunas.

- Real Patronato: el primero fue constituido en 1985 bajo la dirección de Justino Azcárate, y es el órgano rector colegiado, que se halla bajo la presidencia de honor de los reyes de España, integrado por los vocales natos -el presidente de la Comunidad de Madrid, el alcalde de Madrid, el director general del Patrimonio del Estado, el director general de Bellas Artes y Archivos, el director de los Museos Estatales, el director del Museo del Prado y los directores honorarios de éste-, y, finalmente, un máximo de dieciséis vocales elegidos por designación.

- Director del Museo: tercero en la jerarquía de gobierno del Museo, nombrado por Real Decreto, que desempeña las funciones de dirección del museo y del personal del mismo y la representación del susodicho.

Este Real Decreto contempla la creación de un Departamento de Restauración, encargado de reparar las obras artísticas y dirigir los talleres. En febrero de 2009 se aprueba un presupuesto para reformar sus instalaciones con una inversión de aproximadamente 192 millones euros. El ambicioso plan de reestructuración calcula que se podrán exponer un 50% más de obras y se reorganizará la colección del museo, mejorando la conservación y difusión de las obras en depósito.

Escuela española

Pedro Berruguete. Santo Domingo presidiendo un auto de Fe.

Retrato de hombre joven. El Greco. España.

Juan Bautista Mayno. Felipe IV coronado por Olivares.

Zurbarán. Defensa de Cádiz contra los ingleses.

Ribalta. Visión de San Francisco.

Ribalta. El Crucificado abraza a San Bernardo.

Sánchez Coello. Isabel Clara Eugenia.

Sánchez Coello. Felipe II.

Pantoja de la Cruz. Margarita de Austria.

Murillo. La Sagrada Familia del Pajarito.

Claudio Coello. Carlos II.

Velázquez

Velázquez. La rendición de Breda o Las Lanzas.

Velázquez. Los borrachos.

Velázquez. Las Meninas.

Velázquez. Felipe III.

Velázquez. El Conde-Duque de Olivares (Det.).

Velázquez. Retrato de Doña Mariana de Austria.

Velázquez. Felipe IV (1628).

Velázquez. Felipe IV anciano.

Goya

Goya. Autorretrato.

Goya. La merienda a orillas del Manzanares.

Goya. El quitasol. Museo del Prado.

Goya. Carlos III, retrato de caza.

Goya. Carlos IV, a caballo.

Goya. La maja desnuda.

Goya. Los fusilamientos.

Goya. Cristo en la Cruz.

Escuela italiana

Lucas Jordán. Doña Mariana de Neoburgo.

Escuela veneciana

Tintoretto. Batalla entre turcos y cristianos.

Tiziano. Alegoría de Lepanto y Felipe II.

Tiziano. Carlos V en la batalla de Muhlberg.

Escuela flamenca

Rubens. Triunfo de la Iglesia.

Rubens. Adoración de los Reyes Magos.

Rubens. Retrato ecuestre del Duque de Lerma.

Antonio Moro. María Tudor, reina de Inglaterra.

David Teniers. El archiduque Leopoldo en su pinacoteca en Bruselas.

J. Jordaens. Retrato de familia.

Escuela alemana

Durero. Autorretrato (1498).

Escuela francesa

H. Rigaud. Luis XIV.

Van Loo. La familia de Felipe V.

Pintura del XIX

Vicente López: Dª. María Cristina de Borbón.

Antonio Gisbert: Los fusilamientos de Torrijos.

Antonio María Esquivel. La lectura.

Juan de Echevarría. Azorín.

Fortuny. La batalla de Wad-Ras.

Casado del Alisal. Rendición de Bailén.

Web de Internet.

http://www.museodelprado.es/ ; Web oficial del Museo del Prado en Madrid.

Bibliografía

  • ANES, G.: Las colecciones reales y la fundación del Museo del Prado. Madrid, 1996.

  • CALVO SERRALLER, F.: Breve historia del Museo del Prado. Madrid, 1995.

  • GAYA NUÑO, J.A.: Historia del Museo del Prado. León, 1977.

Autor

  • Lourdes Mata Anchisi

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